miércoles, 4 de diciembre de 2013

La cuenta corriente con más ceros es el afecto.

Cuando conectamos la televisión y practicamos el rutinario zapping, no es de extrañar que encontremos numerosos programas que no muestren ningún contenido educativo, como Gran Hermano, Hombres, mujeres y viceversa, Sálvame… Se trata de programas de baja calidad que, si bien, poseen números estratosféricos de audiencia. He aquí el verdadero problema: ¿Por qué los respaldan los espectadores si los contenidos que aportan son inadecuados y contraproducentes para las generaciones futuras?



Tomemos de ejemplo el programa televisivo español, El juego de tu vida. El cual se basa en el éxito estadounidense The Moment of Truth. La particularidad reside en que, dividas en seis fases, un concursante debe responder hasta veintiuna preguntas sobre su más estricta intimidad. A través de un polígrafo se determina si el concursante ha mentido o si ha dicho ha verdad. En el primer caso, resultará eliminado. En el segundo podrá seguir adelante con la prueba y, así optar hasta el premio máximo valorado en 100.000 euros.

 En el siguiente enlance os adjunto una muestra del referido programa en cuestión, en el que el famoso programa Sé lo que hicisteis realiza una crítica.

http://www.youtube.com/watch?v=hmuzPFQRCKU


En el siguiente enlace se muestra la repercusión más fatal que puede causar la existencia de este tipo de emisiones: llevarse la vida de una persona.

http://elpais.com/diario/2007/11/21/sociedad/1195599605_850215.html

La posible respuesta a la pregunta que hemos planteado, viene de la mano del “morbo”. En la actualidad, la sociedad viene diseñada para valorar lo más indecoroso e indecente por esa tendencia que despierta nuestro lado más animal. Caracterizamos a esta emisión como programa basura porque vende la decencia, intimidad, afecto…tanto del protagonista como de sus acompañantes.


Asimismo, despierta la falta de escrúpulos de la que goza el entrevistado, ya que para él pesan más los ceros que cualquier lazo de amistad, familiar… Aquí surge el inevitable debate de si la culpa total recae sobre los emisores o sobre la audiencia. A mi juicio, tan vergonzoso es el que lo emite, como el que participa y como el que fomenta su fuente de riqueza viéndolo. Esto pone de manifiesto la duda de ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para “disfrutar”? ¿Dónde ha quedado nuestro valor como personas? Os dejo un último ejemplo que se refleja la falta de respeto que recibe una mujer al ser despreciada físicamente por sus amigos ante miles de espectadores en El Diario de Patricia.



Pero, seamos realistas, ¿quién alguna vez no se ha detenido más de 5, 10, 30…minutos viendo un programa con estas características? No se trata de ser hipócritas, sino de, si así lo consideramos oportuno: salvaguardar los valores que nos diferencian de los animales.

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